LA PUBLICIDAD Y LA RELIGIÓN
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Las instituciones de bienestar social, incluyendo aquellas de naturaleza
religiosa, usan la publicidad para comunicar sus mensajes (mensajes de fe),
patriotismo, tolerancia, compasión, servicio al prójimo, de caridad hacia el
necesitado, mensajes relacionados con la salud y la educación, mensajes
constructivos y útiles que educan y motivan a la gente a que ingrese a una secta religiosa y muchos modos beneficiosos.
Para la Iglesia la participación en actividades relacionadas con los medios,
incluyendo la publicidad, es hoy parte necesaria del pastoral de conjunto.
Esto incluye tanto los propios medios de la Iglesia (prensa y ediciones
católicas, televisión y radiodifusión, películas y producciones audiovisuales) también
su participación en los medios.
Los medios pueden y deben ser
los instrumentos al servicio del programa de reevangelización y de nueva
evangelización de la Iglesia en el mundo contemporáneo. Si bien queda
mucho por hacer, muchos esfuerzos positivos de este tipo ya están en camino.
Con referencia a la misma publicidad el Papa Pablo VI una vez dijo que es
deseable que las instituciones católicas “sigan con constante atención el
desarrollo de las técnicas modernas de la publicidad y sepan cómo hacer uso
oportuno de ellas para extender el mensaje evangélico de modo que responda a
las expectativas y necesidades del hombre contemporáneo”.
Perjuicios morales y religiosos de la publicidad
La publicidad puede ser de
buen gusto y estar en conformidad con las normas morales e incluso,
moralmente elevada, pero también puede ser vulgar y moralmente degradante.
Con frecuencia apela deliberadamente a motivos como la
envidia, estatus social y codicia. Hoy también algunos publicitarios
buscan inconscientemente conmocionar y turbar mediante contenidos
de una suave, perversa, naturaleza pornográfica.
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